Este domingo se cumplen 205 años de la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México, liderada por Agustín de Iturbide, figura clave en la consumación de la Independencia que, a lo largo del siglo XX, fue progresivamente marginada de la narrativa oficial. Pese a haber firmado el Acta de Independencia el 28 de septiembre de 1821 y proclamar el Imperio Mexicano, Iturbide vio su memoria relegada en varias ocasiones: en 1943, el presidente Manuel Ávila Camacho ordenó suprimir las estrofas del Himno Nacional que lo aludían; en 1925 sus restos quedaron en la capilla de San Felipe de Jesús de la Catedral Metropolitana, mientras que únicamente Hidalgo, Morelos, Allende y Aldama fueron trasladados al Ángel de la Independencia.
En 1971, el presidente Luis Echeverría Álvarez decretó que Vicente Guerrero era el único héroe nacional de la Consumación de la Independencia, consolidando un “veto” que perduró hasta 2021, cuando el gobierno de Andrés Manuel López Obrador recreó la entrada trigarante en el Zócalo y reconoció públicamente a Iturbide junto con otros caudillos.
Nacido en Valladolid (hoy Morelia) el 27 de noviembre de 1783, Iturbide provenía de una familia de origen vasco acomodada. Tras su coronación como Agustín I el 21 de julio de 1822, la alianza entre republicanos y borbonistas plasmada en el Plan de Casa Mata precipitó su abdicación en marzo de 1823. Exiliado, regresó al país en 1824 para ofrecer sus servicios ante la amenaza de la Santa Alianza y fue fusilado en Padilla, Tamaulipas, el 19 de julio de ese año.
En 1838, el presidente Anastasio Bustamante ordenó el traslado de sus restos a la Ciudad de México. Desde entonces reposan en una urna de cristal bajo un pedestal construido en 1964, junto a la bandera trigarante y una placa que lo reconoce como “autor de la Independencia Mexicana”.

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